martes, 2 de febrero de 2021

Cambio de pensamiento

Por: @Yrmana en Twitter / @yrmanaalmarza en Instagram

Soy mamá. Tengo muchos títulos académicos pero soy mamá de dos chicas menores de cinco años que como la mayoría desde el año pasado dejaron de ir a la escuela para recibir a la escuela en la casa, a través de una pantalla y este año seguimos igual.

Las clases virtuales son el nuevo ejercicio académico en todos los niveles educativos. Un microbio produjo esta hecatombe. Todos los maestros se acostaron a dormir y se levantaron con la noticia de no poder volver a sentarse en su silla, a trabajar en su escritorio, a escribir en su pizarrón, a caminar por los pasillos que dejan sus pupitres y mesas; despertaron y se encontraron con que perdieron un pedazo de su vida.

Los alumnos también perdieron. Aunque muchos al inicio celebraron no ir a la escuela, muchos de ellos hoy quieren volver a ese espacio donde no sólo su pensamiento es libre sino también su alma. La realidad sacudió a maestros y estudiantes y así, la salvadora educación se abrazó con fuerza a una de sus herramientas poco valorada pero presente en el sector desde la invención de la computadora: La Telemática.

La Telemática salvó el año escolar, pero ¿por qué no salvó a los maestros y a los estudiantes? ¿Por qué a pesar de las clases virtuales y los dispositivos sentimos que no aprendimos en el caso de los alumnos y sentimos que no enseñamos bien en el caso de los maestros? ¿Por qué decimos que las clases virtuales no son iguales, por qué decimos no son lo mismo? ¿Cómo deben ser estas clases entonces?

Me nutro de quienes llevan tiempo enseñando a distancia pero sobre todo, de quienes entienden más este proceso humano por el que estamos pasando y nos regalan sus experiencias. Jesús Piña es uno de ellos, educador mexicano que como buen maestro nos está enseñando desde su vivencia, lo que aquí se conoce como buenas prácticas en esta nueva verdad educativa: la virtualidad.

Materia obligada para todo maestro que está transitando por este nuevo camino es volver a mirar la esencia del hecho educativo: educar es un acto humano y que se hace en comunión entre el maestro y su o sus alumnos. La educación está viva, tan viva como respiran maestros y estudiantes por eso se necesita de conocer a los alumnos pero también se necesita de conocer al profesor.

Hasta el año pasado nosotros entendíamos el conocernos como un acto cara a cara. Hoy conocernos ya no requiere de presencia física pero igual debemos hacerlo. ¿Y cómo lo hacemos? Utilizando esa enorme flexibilidad cognitiva, nuestra máxima flexibilidad mental y nuestra inagotable, como debe ser, disposición a entender los cambios de nuestro entorno y la aceptación de cambiar como personas con nuestro entorno para seguir siendo maestros.

En la nueva era de la educación maestros y alumnos debemos aprender pero es a nosotros, los educadores a quienes se nos ven las costuras porque nuestros alumnos son nativos tecnológicos mientras que la gran mayoría de nosotros no sabemos lo que es recibir una clase virtual porque nosotros no nos educamos ni ganamos nuestra experiencia ni nos desarrollamos profesionalmente en este sistema. A los maestros nos cambiaron el método, sí, pero lo que nunca logrará el método cambiar es nuestra presencia. El maestro siempre estará, sólo que ahora queridos colegas, debemos aprender cómo estar presentes de forma inmaterial.

Nuestros estudiantes nos llevan una gran ventaja en el uso de la telemática, las TIC y el manejo de aplicaciones y de todos los dispositivos actuales y los por venir: ellos son como ya dije, nativos digitales. Los maestros hoy se dividen en los jóvenes educadores que manejan herramientas digitales pero no se formaron en la escuela virtual mas sin embargo entienden mucho mejor que aquellos maestros menos jóvenes y que aquellos que están a la espera o se acercan a la jubilación, que en este nuevo hecho educativo, el profesor debe conectarse con sus alumnos.

El maestro tiene que hacer click y no es click al botón de la computadora, al mouse o la pantalla táctil de su teléfono inteligente o de su tablet… El maestro tiene que hacer click con sus estudiantes para sacar lo mejor de ellos y seguir inspirándolos. La telemática nos da los vehículos, el Internet nos da la gasolina pero nada de eso sirve si no hay quién maneje: esta nueva era no sustituye al maestro pero esta nueva era nos obliga a crear con nuestros alumnos, en la distancia, un ambiente que favorezca y estimule las ganas de aprender que nuestros muchachos tengan con nosotros.

Nada logramos con tener chicos frente a una pantalla tres, cuatro o más horas sino le brindamos el calor de la humanidad magistral. Si como maestros no entendemos que hoy debemos ser más cercanos que nunca con los alumnos, al final de este año sentiremos lo mismo, que no enseñamos igual, que no se aprendió, porque en esta realidad virtual el protagonista no es el conocimiento, es el ser humano y la estimulación emocional a las ganas de aprender, porque ya no estamos para decir "mira lo que yo sé"; de lo que nosotros sabemos y más, está lleno el Internet. No en vano hoy se dice en muchos espacios que para qué sirve un maestro.

Es un trabajo duro, nada fácil porque es emocional sobre todo para los educadores. Hay que hacer un ejercicio de reflexión interno muy profundo y muchas personas llevan años con una barrera para proteger su corazón, sus sentimientos y el maestro no es la excepción. La pandemia se llevó nuestra vida diaria, nuestra zona de confort y nos pegó contra una pared y frente a una máquina.

Creer que vamos a dar clase de la misma manera, con las mismas reglas es el error que se cometió el año pasado y que muy probablemente se cometa este año. Creer que las dificultades técnicas son unos de los problemas de la educación virtual es la muestra del nivel de obnubilación que ciega a muchos de nuestros educadores hoy.  Hay que conectar con nuestra esencia humana; como maestros debemos conectar con nosotros mismos y vernos como en un espejo para encontrar nuestra fuerza transformadora y abrir la puerta a ese nuevo método de enseñanza que desde el corazón nos hará cercanos a nuestros chamos porque hablar y hablar por una pantalla con los micrófonos cerrados a nuestros alumnos no es enseñar, es el camino directo a la aburrición y a las ganas de no volver a prender el transmisor digital.

Aprendamos a ser maestros digitales. Tenemos la obligación de hacerlo porque no hay computadora, ni aplicación, ni tablet o teléfono que nos reemplace. Vamos a demostrar por qué Internet jamás educará. Bendiciones.

 

Yrmana Almarza

Periodista y educadora venezolana

@Yrmana en Twitter / @yrmanaalmarza en Instagram

 

 

 

 


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